
Esta imagen es muestra de que a pesar de que los habitantes de pequeñas aldeas continúan viviendo bajo las tradiciones y costumbres que han marcado una vida y una época, también hacen uso de los privilegios singulares de un nuevo siglo como es la compra del pan en su propia casa. Esta señora a menudo hace sus panes caseros usando para ello la leña que se ve al fondo de la imagen, pero en esta ocasión opta por la comodidad de comprarlo. Aunque la venta de pan a domicilio está considerada venta ambulante y en consecuencia prohibida, en estas pequeñas aldeas la ley brilla por su ausencia, quizá por la lejanía a los comercios y por la dificultad con la que cuentan a la hora de desplazarse estas personas mayores.


